Al ser historiador, el sistema CTS no se adapta del todo a mi modalidad, de modo que voy a tomarme la libertad de reformularlo, de manera algo heterodoxa, como sistema Ciencia (Histórica)-Literatura (Científica/Histórica, porque es lo más parecida que se me ocurre que tenemos a la tecnología)-Sociedad. De las patentes, me temo, no voy a poder decir gran cosa porque en mi disciplina no tenemos de eso, pero quizá pueda aportar algo.
SISTEMA CTS
En la primera sesión de esta parte 2 del curso ABAI vimos claramente que uno de los objetivos de la ciencia era mejorar la calidad de vida de la población. Esto es algo especialmente visible en las disciplinas que habitualmente consideramos ciencia, como la medicina o la ingeniería. Sin embargo, esta mejora no tiene que ser necesariamente algo material, sino que también puede traducirse en una sociedad más justa, como, por ejemplo, una que por fin haya podido hacer las paces con su pasado traumático.
Nuestra C(iencia) incluye el sistema universitario navarro, por limitarnos a una comunidad autónoma concreta, pero no solo esta, ya que hay muchas personas que investigan y escriben sobre temas históricos. Pueden hacerlo mejor o peor, con más o menos rigor, aunque el movimiento memorialista navarro tiene una gran fuerza que, afortunadamente, nos ha sido muy útil de cara a conocer realidades silenciadas durante mucho tiempo o completar nuestros propios trabajos. El PCTIN puede parecernos algo ajeno (así era en mi caso), hasta que una lectura más profunda revela que este 'impulsará la excelencia científica, el talento, la transferencia de conocimiento, la colaboración, la innovación y las nuevas empresas de base tecnológica'. Si le quitas lo de las empresas, no es tan ajeno, y se puede calcar en mi temática.
Voy a quedarme con el punto 4 de este PCTIN, 'impulso a la cadena de valor del I+D+i'. Especialmente con el punto 1, 'Generación de conocimiento con medidas para afrontar los retos de atracción, retención y proyección internacional del talento, así como lograr la excelencia científico técnica', y su objetivo, 'difusión de la cultura científica, tecnológica e innovadora focalizadas a lograr una mayor implicación de la ciudadanía'. Empezaré desarrollando el objetivo y luego iré a por el punto.
Aquí entramos en faena, y es que nuestra Literatura/Tecnología se produce en unos ámbitos muy concretos, para un público muy específico. No tengo claro del todo que haya un desinterés por la historia en la tercera y última pata de este sistema, la S(ociedad): videojuegos históricos como Assassin's Creed Shadows o Kingdom Come Deliverance 2 se han vendido como churros. Series como Shogun han arrasado en crítica, audiencia y premios. Y aunque parece que los libros de historia militar se venden muchísimo mejor que los de historia social (uno se sorprendería de cuánta gente sigue viendo la historia como una sucesión de reyes y batallas), poco a poco vamos logrando que se difundan más allá de nuestros círculos académicos más próximos. Y también de nuestras familias, claro.
Entonces, ¿cómo lograr que nuestra C(iencia) llegue a la S(ociedad)? Hace tiempo oí que puedes lograr cualquier cosa si tienes el dinero y la voluntad suficientes. Sobre todo el primero. Aquí va un poco de autobombo: yo pertenezco al Instituto de Historia Económica y Social Gerónimo de Uztariz, que ya tiene 40 años. Uno de los aspectos en los que el IGU fue pionero fue en su vocación de servicio público, con la que estoy totalmente de acuerdo. El gran Emilio Majuelo, ya jubilado, dio hace casi 40 años una charla sobre historia en un centro social okupado. La semana pasada se hizo lo mismo en una sala cedida por el ayuntamiento de Pamplona y en un centro juvenil. Asimismo, participamos en actos de historia y memoria en colaboración con distintos ayuntamientos, como los de Berriozar y Barañain, y colaboramos con unos cuantos centros educativos. Es una buena manera de hacer llegar nuestra Literatura/Tecnología al gran público, a la S(ociedad), sin tener que obligarles a leer textos que muchas veces pecan de ser excesivamente densos y complejos. Divulgación para ayudar a estas personas a conocer el pasado y que puedan entender por qué estamos hoy así. Y de paso, conseguir llegar a las juventudes y hacer frente a las sandeces de "con Franco se vivía mejor". Aunque algo adaptado a mi caso, ¿no es eso lo que recoge el PCTIN?
El problema de todo esto, y aquí voy al punto 1, es el dinero. Unamuno ya reflejó hace tiempo, con ese famoso "¡Que inventen otros!", la absoluta falta de preocupación de las élites españolas con respecto a la ciencia e investigación. Poco a poco se va corrigiendo la distancia con respecto a la media de la Unión Europea, pero seguimos estando muy lejos. España, por ejemplo, invierte el 1,5 % del PIB en investigación, cuando la UE quiere alcanzar el 3 % para 2030. Con ese dinero se podría aumentar significativamente el número de contratos predoctorales, así como subir su cuantía para acercarnos a los niveles de Francia, en vez de estar peligrosamente cerca del SMI español. Lograrlo sería tan fácil como hacer una reforma fiscal que pusiera a España en la media de la UE en cuanto al porcentaje del PIB que representa la recaudación de impuestos. Más que la falta de dinero, el problema es la falta de voluntad política para lograr ese dinero e invertirlo en sectores verdaderamente necesarios, como la ciencia.
Para esto, claro, necesitamos agentes de apoyo, siguiendo el gráfico de la ANAIN. El trabajo voluntario es imprescindible, pero si solo te vales de este, al final te acabarán mandando a paseo más pronto que tarde y solo lograrás desanimar a quien quisiera seguir con esa labor. Te pegarás un tiro en el pie. La gente quiere hacer estas cosas, aunque no quiere trabajar gratis, y menos sabiendo que sí hay recursos. Como en el IGU somos pocas personas, unas 50, y no manejamos demasiado dinero, esta puede ser en buena medida nuestra realidad. Más de una persona podría confirmarlo.
Quienes más dinero manejan son las instituciones públicas, como el Gobierno de Navarra, que es la principal financiadora tanto de la UPNA como del IGU (este a través de subvenciones para editar nuestra revista). El proyecto de investigación en el que me incluyo ha firmado 4 convenios cuatrienales con el Parlamento de Navarra. No dan demasiado dinero y tampoco se puede pagar gran cosa, pero al menos nos permite contratar a algunas personas para seguir adelante. A nivel estatal, la Ley de Universidades recoge que el 1 % del PIB español debería destinarse a la educación universitaria para 2030. Navarra es una de las comunidades autónomas que mayor porcentaje de su PIB invierte en universidades, pero no llega al requisito y tampoco parece que se estén esforzando gran cosa para subsanarlo.
Hay muchas razones para invertir en mi disciplina. Y una de ellas es que, desde la historia, podemos ayudar a mejorar la vida de la gente. Hay un caso que jamás olvidaré. Ignacio Francisco Caneda Deza nació en Bridgeport (EE.UU) en 1918, hijo de emigrantes gallegos que regresaron poco después a O Grove. A Ignacio lo detuvieron el 26 de agosto de 1936, y lo encerraron en la Prisión Provincial de Pamplona, hasta que el 1 de noviembre lo sacaron para matarlo en Berrioplano. El 22 de noviembre de 2024, se identificó su cadáver, previamente exhumado. Sus sobrinas, la pareja de una de ellas y una sobrina nieta asistieron al acto de entrega de los restos que se celebró en Berriozar el 21 de agosto de 2025. Después, se le enterró en O Grove, junto al resto de su familia. Yo estuve en el acto de Berriozar junto a unas cuantas personas más. Al acabar, las familiares se nos acercaron y nos dijeron que su madre, la hermana del muerto, había arrastrado unas heridas emocionales terribles durante toda su vida a causa del asesinato. Nos abrazaron y nos dieron las gracias. Aquel día, en el que no se me saltaron las lágrimas de milagro, pude experimentar de primera mano la utilidad que puede tener nuestro trabajo. Cada vez que tengo bajo el ánimo, cada vez que dudo de por qué hago lo que hago, recuerdo sus caras y sus palabras, y me insuflan más fuerzas que una decena de premios.
En resumen, creo que para que nuestra ciencia y literatura/tecnología lleguen al gran público, necesitamos dos cosas: una, dinero que permita organizar actos (y, por qué no, remunerar a las personas que se encarguen de que todo salga bien), con la voluntad política que ello implica; y dos, voluntad del mundo académico y el público general, unos para salir del entorno universitario y los otros para adentrarse en un mundo con buena fama de complejo. Ganas de divulgar, de enseñar y aprender un@s de otr@s, en definitiva, para que surjan grandes cosas.
PATENTES
En el cómic The Boys, hay una escena especialmente ilustrativa. El hermano de uno de los personajes tenía una mutación genética, consecuencia de que su madre trabajara en un laboratorio reconvertido de la noche a la mañana en una fábrica de conservas. Su padre, que estudió Derecho, demandó a la empresa una y otra vez hasta que logró una pequeña victoria. Y luego hijo y padre murieron, uno de la mutación y el otro por sobreesfuerzo. Daba igual que este hombre tuviera razón, porque era un afroamericano pobre que no podía permitirse pagar al prestigioso y carísimo bufete de abogados necesario para que el juez le diera la razón. Vistos algunos de los textos y materiales sobre la idoneidad de las patentes, lo que acabo de describir bien podría ser un reflejo de la realidad. Una pequeña victoria de un emprendedor y su patente contra cien de las grandes multinacionales.
Además, la sección sobre poseer una idea me ha resultado especialmente interesante. También por los ejemplos históricos que da el vídeo de VSauce. Los nativos estadounidenses creían que la tierra y el agua no podían ser propiedad de nadie. Más recientemente, hay partes de la Antártida que no han sido reclamadas por ningún Estado. Lo mismo con el espacio exterior o la Luna: reclamarlos es tan absurdo como declararte la legítima propietaria del Sol y recibir demandas por quemaduras. Cosa que sucedió realmente. Esperemos que dementes como Elon Musk no oigan hablar del caso de esta señora gallega, porque entonces encontrarán la forma de destruir definitivamente la Tierra, hacerse con la propiedad de Marte, impulsar la colonización del planeta y llevarse un buen pellizco. Un poco como en Futurama: uno de los personajes es hija de una familia cuyo antepasado compró Marte a los marcianos, y ahora son dueños de todo el planeta, literalmente. ¿Matt Groening y sus guionistas prediciendo el futuro otra vez?
Por último, y aunque no tengo mucha idea de esto, quizá una manera de mejorar todo este embrollo sea legislar de forma clara a favor de particulares que patenten sus descubrimientos/invenciones: reducir costes, dar seguridad jurídica clara, etc. También permitir que, en caso de tratarse de una tecnología especialmente importante para la población, por la razón que sea, y/o haber recibido fondos públicos, se pueda permitir la suspensión de determinadas patentes a las grandes empresas, o al menos obligarlas a compartir los datos de desarrollo. Si mal no recuerdo, esto es justo lo que no se hizo con las vacunas durante la pandemia de CoVid-19: el deseo de lucro de las farmacéuticas, financiadas con cientos de millones de dinero público, impidió que los países en vías de desarrollo produjeran esas vacunas y salvasen a decenas de miles de personas. Casos excepcionales como este merecen respuestas a la altura.
Las humanidades, la historia, también genera "productos" más cercanos al "consumo" social general, aunque no sean productos tecnológicos sino culturales (desde museos a videojuegos pasando por libros y otros textos divulgativos). Visto así encajan bien en el sistema CTS ¿no? Lo mismo diría respecto de la explotación comenrcial de esos productos, la forma que les afecta no es la patente (la propiedad industrial) sino la propiedad intelectual, pero ahí está cláramente presente con la música, la literatura(o hasta el futbol).
ResponderEliminarDigo esto para completar tu punto de vista, no para invalidar lo que has escrito, que está muy bien
Y como un punto para completar lo puesto lo he visto.
EliminarMuy cierto lo que subrayas. La verdad es que no se me había ocurrido. Incluso de haberlo hecho, probablemente hubiese seguido optando por lo que he hecho, puesto que es donde más creo que puedo aportar. Pero siempre es bueno tener otros puntos de vista complementarios. ¡Gracias!