domingo, 18 de enero de 2026

Tarea 2 (ABAI 2). Un paradigma histórico: E. P. Thompson y La Formación de la Clase Obrera en Inglaterra

El oficio de historiador tiene una larga historia, aunque nuestros antecesores no reunieran todos los requisitos hoy día necesarios para ser considerados como tales. Por ejemplo, Heródoto narró las Guerras Médicas que enfrentaron a Persia y el mundo griego en los primeros años del siglo V a.C., mientras que Tucídides relató la cruenta Guerra del Peloponeso entre Atenas, Esparta y los Estados aliados de cada uno.

Sin embargo, el origen de la historia como disciplina científica se ubica en el siglo XIX. No casualmente, con el nacimiento de los Estados-nación, que la fomentaron como forma de crear un pueblo identificado con los símbolos nacionales que entonces se estaban creando. En esta época surgió la primera escuela historiográfica, el historicismo, que será nuestro primer caso de "ciencia normal". Siguiendo la conceptualización de Kuhn, llamémosla, para poner un punto inicial a esta historia, CN1 (por Ciencia Normal 1). Simplificándolo bastante, los historicistas querían narrar la historia "tal y como sucedió", aunque en muchos casos se limitaron a hacer listados de sucesos, entendidos como batallas, guerras, cronologías de reyes o grandes hombres y, en definitiva, lo que conocemos como alta política.

A mediados de la década de 1930 emergió una nueva corriente historiográfica, que bebía de los trabajos de Karl Marx y Friedrich Engels, por lo que era simpatizante de la URSS y los partidos comunistas de Europa Occidental. Esta es nuestra CR1 (o Ciencia Revolucionaria 1). Su opinión era que el historicismo servía de muy poco si no prestaba atención a las condiciones de vida materiales del proletariado europeo de los siglos XIX-XX, ya que este componía la abrumadora mayoría de la población de aquellos países. Con el tiempo, fue fortaleciéndose, hasta acabar desbancando al historicismo como paradigma y convertirse en la CN2.

Pero esta escuela concebía la realidad material y sociopolítica como un factor determinante, no condicionante. Esto es, limitaba tremendamente la capacidad de agencia de las personas que vivieron en las épocas de estudio. Asimismo, insistía en analizarlo y encajarlo todo bajo los preceptos clásicos del marxismo de formación de clases, incluso cuando era evidente que ciertos aspectos variaban con respecto a las teorías de Marx y Engels. Por ejemplo, el campesinado, al que estos dos, además de Lenin, veían como un agente social atrasado en el que no se podía confiar. Los historiadores marxistas ortodoxos apenas variaron sus perspectivas. 

Entre las décadas de 1940 y 1960 se desarrolló el Grupo de Historiadores Comunistas británico, compuesto por grandes nombres como Eric Hobsbawm, George Rudé o Edward Palmer Thompson. Eran una rama heterodoxa de la escuela marxista, que quería ir más allá de las biografías de los grandes políticos o líderes sindicales socialistas, del estudio clásico de la lucha de clases y la formación del proletariado. Creían que la escuela marxista tradicional se había anquilosado, entre otras razones, por culpa de su seguidismo ciego a Moscú y su tibieza en relación al totalitarismo estalinista. He aquí nuestra CR2. Concretamente, en La Formación de la Clase Obrera en Inglaterra, publicado en 1963, Thompson adoptó una perspectiva completamente novedosa: la clase obrera no se formó de un día para otro, sino que fue un proceso largo y complejo que merecía ser analizado desde una perspectiva de largo plazo, remontándose incluso al siglo XVI. 

¿Cuáles fueron las vivencias de estas personas, sus tradiciones culturales, sus prácticas de lucha? Son preguntas que hoy se nos hacen completamente normales, pero entonces fueron una gran novedad. Thompson se valió de los estudios culturales para analizar las experiencias vitales de estas víctimas de la industrialización y tratar de comprender el mundo bajo su punto de vista. O, por usar sus palabras en un párrafo que me resulta especialmente memorable: 

"Trato de rescatar al pobre tejedor de medias, al cosechador ludita, al «obsoleto» tejedor en telar manual, al artesano «utópico», e incluso al iluso seguidor de Joanna Southcott, de la enorme prepotencia de la posteridad. Es posible que sus oficios artesanales y sus tradiciones estuviesen muriendo. Es posible que su hostilidad hacia el nuevo industrialismo fuese retrógrada. Es posible que sus ideales comunitarios fuesen fantasías. Es posible que sus conspiraciones insurreccionales fuesen temerarias. Pero ellos vivieron en aquellos tiempos de agudos trastornos sociales, y nosotros no. Sus aspiraciones eran válidas en términos de su propia experiencia; y, si fueron víctimas de la historia, siguen, al condenarse sus propias vidas, siendo víctimas".

¿Triunfó la perspectiva de Thompson? Es evidente que tuvo sus errores, sus incongruencias, y que varios aspectos ya han sido superados. Es inevitable en un libro que ya tiene más de 60 años. Pero hoy día, su libro es considerado como uno de los trabajos de historia social más influyentes de todos los tiempos. Es más, Thompson fue nombrado el segundo historiador más influyente del siglo XX, solo por detrás de Fernand Braudel, un logro prácticamente inalcanzable para cualquier otra persona que se dedique a este fascinante mundo. Así pues, la escuela marxista heterodoxa se convirtió en la CN3.

Para acabar, un apunte que, aunque pueda pecar de evidente, creo que es útil señalar. Una escuela historiográfica tarda décadas en desbancar a otra como paradigma predominante, si es que lo hace. No es fácil identificar cuándo empieza ni acaba el proceso, si es que ha acabado. Y, por supuesto, la escuela desbancada nunca desaparece del todo, siempre puede volver. Las hagiografías de gallardos marqueses que lucharon honradamente a favor de su patria y rey jamás se han marchado del todo. Los estudios que ven cualquier factor ajeno a la clase (véase raza, género, religión, origen geográfico, etc.) subordinado a esta, casi despreciándolos, siguen presentes. Y las escuelas que nacieron para corregir las deficiencias de sus antecesoras pueden acabar cometiendo exactamente los mismos errores de estas, lo que conllevará que nazcan nuevas escuelas que, quién sabe, puede que solventen definitivamente esos errores o vuelvan a caer en estos u otros. Los revolucionarios de hoy pueden ser los reaccionarios de mañana. Nada es fijo y el futuro no está escrito.

Tarea 2 (ABAI 2). Un paradigma histórico: E. P. Thompson y La Formación de la Clase Obrera en Inglaterra

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